El mejor destino que hay es el de supervisor de nubes, acostado en una hamaca mirando al cielo.
Encontraremos paz. Escucharemos ángeles. Veremos el cielo centelleando con diamantes.
Enterradme y dejad que descanse bajo el vasto y estrellado cielo. Gozoso viví y gozoso muero.
Eran verdes como un mar, con reflejos de alto cielo. ¡Qué bien sabían mirar! unos ojos que recuerdo.
Hay dos clases de virtudes: las que hacen ganar el cielo y las que hacen ganar la tierra.
Hay más cosas en el cielo y en la tierra, que todas las que pueda soñar tu filosofía.