Y yo, ciego y mortal, hacia tu carne, hacia las soledades de tu pecho pongo mi corazón y escucho.
Yo conozco al pueblo: cambia en un día. Derrocha pródigamente lo mismo su odio que su amor.
Yo no se de pájaros, no conozco la historia del fuego. Pero creo que mi soledad debería tener alas.
¡Ay los vicios humanos! Son ellos los que contienen la prueba de nuestro amor por el infinito.
¡cosa curiosa! el primer síntoma del amor en un joven, es la timidez; en una joven, es la audacia.
¡Oh amor poderoso¡ Que a veces hace de una bestia un hombre, y otras, de un hombre una bestia.