Puedes censurar a un amigo en confianza, pero debes alabarlo delante de los demás.
Quien contempla a un verdadero amigo, es como si contemplara a otro ejemplar de sí mismo.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Si quieres ganar un adepto para tu causa, convéncelo primero de que eres su amigo sincero.