Desde la frente, que es lámpara lírica, desborda su acento como un aceite de aroma y de gracia la ardiente poesía.
Echando mucho aceite en la sartén, cualquiera fríe bien.
El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.
La respuesta suave calma la ira, así como el aceite calma las olas. Esta respuesta suave, casi en voz baja, lenta y buena es una de las empresas más difíciles de este mundo.
La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.
La verdad, como el aceite, queda encima siempre.
Los hombres y las mujeres se mezclan tan bien como el aceite y el agua. Por eso hay que estar agitándolos constantemente.
Para hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos de dejar de ponerle aceite.