A veces lamento hablar en español: escuchado desde la otra orilla debe ser algo incomparable, lleno de chasquidos y latigazos, terrible carga de caballería de abiertas vocales, por entre un campo erizado de consonantes clavadas como estacas.
La barca y la orilla dialogan a lo largo del día.
La desesperación es como un río; en una orilla están los niños; en la otra los hombres maduros, los que han despertado ya de su letargo. Todos (los sentimientos) son buenos, óptimos, también el odio, también la envidia, también los celos, también la crueldad.
La gente no puede descubrir nuevas tierras hasta que tenga el valor de perder de vista la orilla.
Pocos son entre los hombres los que llegan a la otra orilla; la mayor parte corre de arriba a abajo en estas playas.
Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.
Tal ves mires a otro, igual que a mí aquel día y yo aquí recordándote a la orilla del mar.
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.