Hay que guardarse bien de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso.
Hay tres amigos fieles; una esposa anciana, un perro viejo y dinero contante y sonante.
Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía que dio a cascar al diente de la sabiduría.
Medite al atardecer, mirando las estrellas y acariciando a su perro, es un remedio infalible.
No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.
Para hacer ejercicio, pasee con alguien que le acompañe de buen grado, preferentemente un perro.