A caballo regalado, no le mires el diente.
A caballero nuevo, caballo viejo.
A caballo ajeno, espuelas propias.
A caballo de alquiler: mucha carga y mal comer.
A caballo grande, grandes espuelas.
A caballo que se empaca, darle estaca.
A menudo, la fortuna nos hace pagar muy caro lo que creemos que nos ha regalado.
Al amigo y al caballo, no hay que cansarlos.
Antes de tragarla El agua de la vertiente Hizo crujir mis dientes.
Apártate del camino gorrión sin casta. Pasa el caballo.
Aristóteles manifestaba que las mujeres tenían menos dientes que los hombres; aunque se casó dos veces, nunca se le ocurrió comprobar esta afirmación examinando la dentadura de sus esposas.
Bajando del caballo en el viento de otoño pregunté por el nombre del río.
Caballo que vuela, no necesita espuela.
Caballo sin espuela, barco sin remos ni vela.
Caballo viejo no aprende trote nuevo.
Como al caballo lo prueba el camino, a los hombres los prueba su destino.
Cuando dios da pan duro, da dientes fuertes.
Cuando se abandona el pago y se empieza a repechar, tira el caballo adelante y el alma tira pa´atrás.
Cuando tus ojos me miran, mi corazón se alborota.
Desnudo, sobre un caballo desnudo bajo la lluvia torrencial.
Dios da pan a los que no tienen dientes.
Dos cojos nunca se miran con buenos ojos; y dos vizcos, con más motivo.
El caballo conoce por la brida al que lo guía.
El destino, el azar, los dioses, no suelen mandar grandes emisarios en caballo blanco, ni en el correo del Zar. El destino, en todas sus versiones, utiliza siempre heraldos humildes.
El escritor, muchas veces, es como un caballo de carreras que ha perdido su jinete y ya no sabe porque está corriendo ni dónde está la meta y, sin embargo, se le exige seguir corriendo aunque no sepa ni hacia dónde ni por qué razón.