Vive deprisa, muere joven y harás un bonito cadáver.
Viven más contentos aquellos en quienes jamás puso los ojos la fortuna, que los otros de quienes los apartó.
Vivimos en una época peligrosa. El ser humano ha aprendido a dominar la naturaleza mucho antes de haber aprendido a dominarse a sí mismo.
Vivimos instalados en la queja porque nos hemos olvidado de todo lo que existió antes. Para reorganizarlo todo, hay que reordenar también la historia. Incluso en La edad del hierro la historia desempeña un papel importante.
Vivir en el corazón de aquellos que hemos dejado es no morir.
Vivir no es otra cosa que una resistencia inútil. El hombre sabio sabe que va a morir, pero vive y se resiste a la muerte tanto como puede..
Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.
Voy despacio, pero jamás desandando lo andado.
Y nada podrá contra la vida porque nada pudo jamás contra la vida.
Y quien ansia superarse creando posee la voluntad más pura.
Yo no analizo jamás, me limito a reaccionar... yo ando con todos mis prejuicios. jamás intento mejorarme o aprender algo. No soy uno que aprende, soy uno que evita.
Yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos.
Yo no se quien fue mi abuelo; me importa mucho más saber que será su nieto.
Yo quiero patria libre o morir.
¡A quien no se salva por sí sólo, nadie lo puede salvar!.
¡ay!. Supe más tarde que, preocupada por su propia carrera, jamás oyó mi nombre, ni supo de mis luchas, mi concierto o mi éxito.
¡El fin y el principio sólo son sueños...! Sin nacer, sin morir y sin cambiar, el espíritu siempre permanece...
¡Insensato quien fía al porvenir!
¡Oh tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella!.
¡Pobre del amor a quien la fantasía abandona!.
¡Pobre...! Jamás sabrá lo que es ser joven, porque nació banquero.
¡Por fin voy a vivir solo! y, enseguida, me pregunto con quien.
¡Porque así debe ser! Estrenémonos a morir a la sombra de las flores.
¡qué presto se consolaron, los vivos de quien murió¡, y más cuando el tal difunto, mucha hacienda les dejó.
¡Quien necesita piedad, sino aquellos que no tienen compasión de nadie!