Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien.
Tu casa puede sustituir al mundo; el mundo jamás sustituirá a tu casa.
Tu cuerpo es el paraíso perdido del que nunca jamás ningún Dios podrá expulsarme.
Tú no puedes morir tanto como has vivido.
Un amante apasionado ama hasta los defectos de la persona a quien ama.
Un amigo es con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello.
Un Camino no es genuino sin antes haber trazado algún obstáculo, pues de ellos se aprende a crecer no por cuan extensos sean los pasos, sino por cuanta Fe los das.
Un filósofo es el hombre en quien la intimidad se eleva a categoría racional; sus conflictos sentimentales, su encuentro con el mundo, se resuelve y se transforma en una teoría.
Un hombre de carácter podrá ser derrotado, pero jamás destruido.
Un hombre es un tonto si bebe antes de los cincuenta, y otro tonto si no lo hace después.
Un hombre honrado no encontrará jamás una amiga mejor que su esposa.
Un húngaro es alguien que entra contigo en una puerta giratoria y sale antes que tú.
Un padre para cien hijos, antes que cien hijos para un padre.
Un príncipe. . . Jamás predica otra cosa que concordia y buena fe; y es enemigo acérrimo de ambas, ya que, si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras.
Una de las alegrías de la amistad es saber en quien confiar.
Una dulce y triunfante libertad se apodera de aquellos que saben que van a morir pronto.
Una flor en la mano muere, apagando una estrella.
Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra.
Uno cree que muere por la patria y muere por los industriales.
Uno debe terminar antes de haber dicho todo. Algunos lo han dicho todo antes de empezar.
Uno debería estar siempre enamorado. Por eso jamás deberíamos casarnos.
Vale más vivir y morir de una vez, que no languidecer cada día en nuestra habitación bajo el pretexto de preservarnos.
Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
Virtuosa cosa es perdonar a quien se arrepiente.
Vive como si no fueras a morir nunca, actúa como si fueras a morir mañana.