Los amigos no son ni muchos ni pocos, sino los suficientes.
Los hombres pasan, los recuerdos quedan, como quedan las obras de los que algo hacen.
Los poetas son gente impúdica.
Más vale poco con justicia, que mucho con derecho.
Mi deseo es morir cerca de tu palabra.
No descanses hasta que no puedas más.
Nunca he encontrado un hombre de quien no haya aprendido algo.
Quejarse es el pasatiempo de los incapaces.
Si deseas saborear tu virtud, peca de vez en cuando.
Si los espectáculos cultos ponen ante mis ojos un mundo de inmoralidad y una exuberancia de lujo que ciega mis ojos al tocar al corazón, hoy tengo derecho a mis corridas de toros.
Si no tienes razón para vivir, no trates de vivir por los demás.
Sólo los artistas y los niños ven la vida tal como es.
Trata de no considerar inteligentes sólo a quienes piensan como tú.
Una vida lograda es un sueño de adolescente realizado en la edad madura.
...pues él no quiere más que mi muerte. Y yo no quiero más que mi vida.
A la hora de la muerte las cosas se juzgan de muy diverso punto de vista.
A mí, cuando veo un muerto, la muerte me parece una partida. El cadáver me da la impresión de un traje abandonado. Alguien se fue y no necesitó llevar aquel traje único que había vestido.
A ninguno le da pena, comer cosita buena.
A pesar de las amenazas de muerte, no voy a aceptar la tiranía, sino más bien luchar en contra de ella.
Aburrirse en el momento adecuado es signo de inteligencia.
Aburrirse es besar a la muerte.
Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación. Acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha comenzado.
Además, ya no tenía remedio. Estaba chorreando. En este aspecto la lluvia se parece a la pena: haces todo lo posible por que no te toque, por ponerte a resguardo, pero si fracasas, cuando fracasas, llega un momento en que empiezas a ver el problema no ya en términos de gotas, sino de chorro incesante, y a partir de entonces decides que ya da igual empaparse.
Al borde de la muerte más sonora que antes Las cigarras en otoño.
Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.