La vejez es un tirano que prohíbe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.
Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno, pero si he de ser ahorcado por profesar ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. . . Lo digo en alto: dispongan de mi vida.
La sonrisa es el idioma general de los hombres inteligentes. Sólo son tristes los tontos y los delincuentes.
A dónde irán los besos que guardamos, que no damos.
Dudar de si mismo es la primera señal de inteligencia.
El amor es una fuente inagotable de reflexiones: profundas como la eternidad, altas como el cielo y grandiosas como el universo.
El delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca.
El hombre es un aprendiz y el dolor es su amo.
El honor consiste en hacer hermoso aquello que uno está obligado a realizar.
El honor es la poesía del deber.
El melancólico tiene la cara de dios cuando nos mira.
El periodista es sólo un escritor que cuando toma la pluma, no espera en inmortalidad.
El querer lo es todo en la vida. Si queréis ser felices lo seréis. Es la voluntad la que transporta las montañas.
El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento.
El único momento de una obra es aquel en que la escribimos.
Felicidad es una manera de ver.
La confianza no es otra cosa que confianza.
La esperanza es el hoy amargo.
La fe es de oro, el entusiasmo de plata, el fanatismo de plomo.
La oscuridad es el miedo a los fantasmas vivos.
La solidaridad es la fuerza de la gente débil.
La ternura es la columna central que sostiene la vida.
La tristeza es un cuarto oscuro, pequeño como una caja de cartón cuadrada.
Las personas fuertes crean sus acontecimientos; las débiles sufren lo que les impone el destino.
Lo malo es que la generosidad también puede ser un buen negocio.