Déjame que llore como aquel que sufre en vida la tortura de llorar su propia muerte.
Hay un hambre que es tan grande como la del pan y es la de la injusticia, la de la incomprensión.
Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias.
Los santos esculpidos han ejercido en el mundo mucha mayor influencia que los vivos.
Si una madre publicara los silencios que ha guardado, se volverían santos los hijos al escucharlos.
Siempre ha habido santos, pero ¿quién está realmente cualificado para canonizarlos?.