Cambiar de idioma, para un escritor, es como escribir una carta de amor con un diccionario.
Dios: una enfermedad de la que imaginamos estar curados porque nadie se muere de ella hoy en día.
El crimen en plena gloria consolida la autoridad por el miedo sagrado que inspira.
El deseo de morir era mi interés excluyente; a él le sacrifiqué todo, hasta la muerte.
El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.
El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraiso en un lugar de tortura.
Escriba libros sólo si lo que va a decir en ellos usted nunca se lo confiaría a nadie.
Imposible asistir más de un cuarto de hora sin impaciencia a la desesperación de alguien.
La razón es una puta que sobrevive mediante la simulación, la versatilidad y la desvergüenza.
Los días no adquieren sabor hasta que uno escapa a la obligación de tener un destino.
Los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a quienes no les han cortado la cabeza.
Mi misión es matar el tiempo y la de éste matarme a su vez. Se está bien entre asesinos.
No vale la pena molestarse en matarse porque uno siempre se mata demasiado tarde.
Para usted que ya no la tiene, la libertad es todo. Para nosotros que sí, es meramente una ilusión.