Al bien hacer jamás le falta premio.
Al evocarte, mi alma se ilumina como un amanecer.
Al final, utilizas Internet cuando lo necesitas. Es como cuando empiezas a ir al supermercado, que compras todas las ofertas y después ya sabes que tienes que comprar una lata de atún y un bote de suavizante.
Al hablar, como al guisar, su granito de sal.
Al hacer una profunda reverencia a alguien, siempre se vuelve la espalda a algún otro.
Al hombre le interesa lo real, como tal, aunque no sea deseable. Al niño le importa lo deseable, como tal, aunque no sea real.
Al irte dejas una estrella en tu sitio, dejas caer tus luces como el barco que pasa, mientras te sigue mi canto embrujado.
Al marido, amarle como amigo, y tenerle como enemigo.
Al mudar de piel vuelves a sentir, te izas como vela.
Al no tener ya miedo de las palabras ¿cómo iba a temer las cosas?
Al pan se arrima el perro.
Al perro que tiene dinero se le llama señor perro.
Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra.
Al público no hay que dárselo todo masticado, como si fuera tonto. A diferencia de otros directores que dicen que dos y dos son cuatro, Lubitsch dice dos y dos... y eso es todo. El público saca sus propias conclusiones.
Al traductor, como al testigo llamado a juicio, deberá obligársele a extender la mano y jurar: decir la verdad y nada más que la verdad.
Al tratar de la vida feliz, no debes nunca contestarme como en la elecciones: este partido parece tener mayoría, pues por esto mismo, es el peor.
Albergue pobre. Los gemidos del perro en la lluvia nocturna.
Algo así como eso que percibimos siente un pajarito que tenemos aprisionado en un puño cuando oye y ve cruzar el espacio a sus congéneres libres.
Algo hay tan evidente como la muerte y es la vida.
Algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud.
Algunos políticos sostienen que la única manera de hacer seguro a un revolucionario es darle un escaño en el parlamento.
Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes de la finalidad de tu amor.
Ama como que has de aborrecer, y aborrece como que has de amar.
Ama como tú quieras, pero nunca les preguntes a los demás cómo lo hacen. Sé como a ti te dé la gana, pero nunca les digas a los demás cómo tienen que ser.
Amame como quiere su ambrosía en el jardín la flor; como ama de su voz la melodía festivo ruiseñor.