Quien discute sobre si se puede matar a la propia madre no merece argumentos sino azotes.
Si los ciudadanos practicasen entre sí la amistad, no tendrían necesidad de la justicia.
También elogiamos al sabio por su habito, y a los hábitos dignos de elogio los llamamos virtudes.
Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores.