No conviene hablar del pudor como de una virtud. Se parece más bien a una emoción que a una disposición adquirida. Se define, pues, como un miedo de dar de sí una mala opinión.
No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico.
No hay que empezar siempre por la noción primera de las cosas que se estudian, sino por aquello que puede facilitar el aprendizaje.
No hay que prestar atención a quienes nos aconsejan, so pretexto de que somos hombres, no pensar más que en las cosas humanas y, so pretexto de que somos mortales, renunciar a las cosas inmortales.
No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho.
No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto.
Nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta.
Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella.
Parece, en efecto, que el principio es más de la mitad del todo, y que por él se aclaran muchas de las cosas que se buscan.
Parece, pues, que la felicidad es algo perfecto y suficiente, ya que es el fin de los actos.
Pero algunos creen que, aparte de toda esta multitud de bienes, hay algún otro que es bueno por sí mismo y que es la causa de que todos aquellos sean bienes.
Piensa como piensan los sabios, mas habla como habla la gente sencilla.
Platón es mi amigo, pero más amigo es la verdad.
Pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro.
Por aquello que llamamos justo queremos decir lo que es legal, lo que es limpio y equitativo.
Por esto se discute también si la felicidad es algo que puede aprenderse o adquirirse por costumbre o si sobreviene por algún destino.
Porque deleitarse es algo anímico, y para cada uno es placentero aquello de lo que se dice aficionado.
Porque el hombre bueno es propenso a ceder.
Porque en toda acción en la que se da lo más y lo menos se da también lo igual.
Pues el defecto no está en el tiempo, sino en vivir y procurar todas las cosas de acuerdo con la pasión.
Pues es imposible o no es fácil hacer el bien cuando se está desprovisto de recursos.
Pues la felicidad requiere, una virtud perfecta y una vida entera.
Puesto que lo porvenir no está oculto, concluimos que la felicidad es fin y completamente perfecta en todos sentidos.
Que lo irracional se deja en cierto modo persuadir por la razón.
Que nadie elogia a la felicidad... por eso dicen que en la mitad de la vida en nada se diferencian los felices de los desgraciados.